1. Alimentación variada y equilibrada


Una alimentación saludable en niños en etapa preescolar y escolar debe basarse en la variedad y el equilibrio, incluyendo diariamente alimentos de todos los grupos como frutas, verduras, cereales integrales, proteínas y grasas saludables, ya que cada uno aporta nutrientes esenciales para su crecimiento físico, desarrollo cerebral y fortalecimiento del sistema inmunológico, además de ayudar a formar hábitos positivos desde una edad temprana.

Incluye alimentos de todos los grupos en cada comida, pensando en el plato como algo colorido y atractivo, ya que esto no solo asegura que el niño reciba todos los nutrimentos que necesita, sino que también hace que la experiencia de comer sea más divertida y visualmente agradable.



Las verduras y frutas, son aliados del crecimiento y la salud, ya que están llenos de vitaminas, minerales y fibra que ayudan a fortalecer las defensas, cuidar la digestión y mantener el cuerpo en equilibrio, por lo que es buena idea incluirlos todos los días en diferentes formas y presentaciones.

Los cereales integrales aportan la energía que el niño necesita para jugar, aprender y mantenerse activo durante el día, además de ayudar a que esa energía se libere poco a poco gracias a su contenido de fibra, evitando que se sienta cansado o con hambre rápidamente.

Los alimentos con proteína como el huevo, pollo, pescado o leguminosas, son fundamentales para crecer fuertes, ya que ayudan a formar músculos, reparar tejidos y apoyar muchas funciones importantes del cuerpo, siendo una parte clave en cada comida principal.

Las grasas saludables como el aguacate, semillas o aceite de oliva, son esenciales para el desarrollo del cerebro y el buen funcionamiento del sistema nervioso, además de ayudar a absorber mejor algunas vitaminas, por lo que es importante no olvidarlos y usarlos en cantidades adecuadas.

Al final, la idea es formar un plato lleno de colores, porque cada color representa un beneficio diferente, y juntos crean una alimentación completa, equilibrada y también mucho más atractiva para los niños.


2. Establecer horarios regulares


Es importante establecer horarios regulares de comida, procurando ofrecer tres comidas principales y una o dos colaciones al día, ya que esto ayuda a regular el apetito, evita periodos prolongados de ayuno que pueden generar irritabilidad o antojos y crea una sensación de seguridad y rutina en el niño que favorece su relación con la comida.

El desayuno, en especial, merece mucha atención, ya que es la primera fuente de energía después del descanso nocturno y ayuda a que el niño se sienta activo, concentrado y de buen ánimo durante la mañana, por lo que es importante no omitirlo y convertirlo en un momento tranquilo y nutritivo.

Además, mantener horarios similares todos los días brinda una sensación de orden y seguridad, ayudando al cuerpo a reconocer cuándo es momento de comer y facilitando una mejor regulación del apetito, lo que poco a poco favorece hábitos saludables que pueden acompañarlo toda la vida.


3. Colaciones nutritivas


Las colaciones deben ser nutritivas y naturales, como frutas frescas, yogurt sin azúcar, semillas o preparaciones caseras, evitando productos ultra procesados como frituras, dulces o bebidas azucaradas, ya que estos aportan calorías vacías y pueden afectar tanto la energía como la concentración y la salud a largo plazo.

Aquí tienes ideas de colaciones nutritivas pensadas para niños, fáciles, ricas y que también puedes adaptar según lo que tengas en casa:

Las frutas frescas siempre son una excelente opción, puedes ofrecer manzana, plátano, fresas o papaya solas o combinadas con yogurt natural, lo que aporta fibra, vitaminas y un toque de proteína que ayuda a mantener la saciedad por más tiempo.

Otra idea práctica es preparar rollitos de tortilla con queso o con aguacate, ya que son fáciles de comer, aportan energía y grasas saludables, y resultan muy atractivos para los niños por su forma.

Las verduras también pueden ser parte de una colación divertida, por ejemplo, bastones de zanahoria, pepino o jícama con limón, que además de ser refrescantes ayudan a crear el hábito de consumir vegetales desde pequeños.

El yogurt natural con avena o un poco de fruta es otra opción muy completa, ya que combina proteína, carbohidratos y fibra, siendo ideal para mantener energía estable entre comidas.

También puedes ofrecer pequeñas porciones de frutos secos o semillas (dependiendo de la edad del niño), que aportan grasas saludables importantes para el desarrollo cerebral y ayudan a mantener la saciedad.

Los licuados caseros son una excelente alternativa, preparados con leche o bebida vegetal, fruta y un poco de avena, evitando añadir azúcar, logrando así una bebida nutritiva y muy aceptada por los niños.

Otra opción sencilla son las palomitas naturales hechas en casa, sin exceso de sal o mantequilla, que pueden ser un snack ligero y con fibra si se preparan de forma adecuada.


4. Hidratación adecuada


La hidratación es fundamental, por lo que se debe fomentar el consumo de agua natural como bebida principal, limitando refrescos y jugos industrializados, enseñando al niño desde pequeño a reconocer la sed y a preferir opciones simples y saludables que beneficien su organismo.

Ayudar a los niños a tomar agua natural puede ser más fácil de lo que parece si se vuelve parte de su rutina diaria, por ejemplo, teniendo siempre su botellita favorita a la mano o recordándoles de forma tranquila durante el día, ya que poco a poco se acostumbran a elegirla sin necesidad de insistir demasiado.

En cuanto a los refrescos y bebidas azucaradas, más que prohibirlos, funciona mejor no hacerlos parte del día a día, dejándolos solo para ocasiones especiales, así evitamos que se acostumbren a sabores muy dulces y cuidamos su salud sin generar ansiedad o exceso de deseo por estos productos.

Una forma muy linda y divertida de hacer el agua más atractiva es agregarle pedacitos de fruta como fresas, rodajas de naranja o un toque de limón, incluso pueden ayudar a prepararla, lo que hace que se sientan parte del proceso y disfruten más tomarla.


5. Crear una relación sana con la comida


Fomentar una relación sana con la comida es igual de importante que la calidad de los alimentos, por lo que se recomienda evitar obligar al niño a comer o utilizar la comida como premio o castigo, permitiéndole escuchar sus señales de hambre y saciedad, explorar nuevos sabores sin presión y vivir la alimentación como una experiencia positiva y libre de estrés.

Evitar obligar a un niño a comer es una forma de cuidar su relación con la comida, ya que cuando se le presiona puede generar rechazo o ansiedad, por eso es mejor ofrecer los alimentos con paciencia y confiar en que poco a poco irá aceptando nuevos sabores; de la misma manera, usar la comida como premio o castigo puede crear asociaciones emocionales poco saludables, así que es preferible mantenerla como algo neutral y natural.

Permitir que el niño explore sabores a su propio ritmo es parte importante de su aprendizaje, ya que tocar, oler y probar los alimentos sin presión despierta su curiosidad y facilita que con el tiempo amplíe su alimentación, incluso si al principio rechaza algunos alimentos.

Compartir los alimentos en familia, sin distracciones como televisión o celulares, convierte el momento de comer en un espacio de conexión, donde el niño no solo se alimenta, sino también aprende hábitos, observa ejemplos y se siente acompañado.

Involucrarlos en la preparación de los alimentos, aunque sea con tareas sencillas como lavar frutas o mezclar ingredientes, hace que se sientan parte del proceso y aumenta su interés por probar lo que ayudaron a preparar, convirtiendo la alimentación en una experiencia más divertida y significativa.


6. Porciones adecuadas para su edad


Las porciones deben adaptarse a la edad y necesidades individuales del niño, ofreciendo cantidades adecuadas y permitiendo que él mismo regule cuánto desea comer, evitando la sobrealimentación y respetando su ritmo natural de crecimiento.

Ofrecer porciones pequeñas al inicio puede ser una estrategia muy útil, ya que permite que el niño no se sienta abrumado frente a un plato lleno y tenga la oportunidad de pedir más si aún tiene hambre, fomentando así una relación más tranquila y positiva con la comida.

Aprender a observar y respetar las señales de hambre y saciedad es clave, porque cada niño tiene necesidades diferentes, por lo que es importante confiar en su capacidad natural para saber cuándo comer y cuándo detenerse, evitando presionarlo a terminar todo si ya se siente satisfecho.

Evitar la sobrealimentación también implica soltar la idea de que “debe acabarse todo el plato”, y en su lugar priorizar que el momento de comer sea agradable, sin prisas ni exigencias, permitiendo que el niño escuche a su cuerpo y desarrolle una conexión saludable con sus propias necesidades.


7. Limitar alimentos ultra procesados


Es recomendable limitar el consumo de alimentos ultra procesados, ricos en azúcares añadidos, grasas poco saludables y sodio, ya que su consumo frecuente puede afectar la salud metabólica, el peso corporal y los hábitos alimenticios futuros, desplazando opciones más nutritivas.

Reducir el consumo de alimentos ultra procesados puede hacerse de forma gradual y amigable, empezando por no tenerlos siempre disponibles en casa, ya que cuando no están al alcance es más fácil elegir opciones naturales sin generar sensación de restricción.

Una buena estrategia es ofrecer alternativas caseras y prácticas que sean igual de atractivas, como fruta picada, palomitas naturales o preparaciones sencillas, de modo que el niño no sienta que “le quitan” algo, sino que descubre nuevas opciones que también le gustan.

Leer etiquetas de forma básica puede ayudar mucho, evitando productos con listas largas de ingredientes o con exceso de azúcares añadidos, sodio o grasas poco saludables, y priorizando alimentos más simples y cercanos a su forma natural.

También es importante no demonizar estos productos, sino enseñar que pueden consumirse de manera ocasional, evitando que se vuelvan parte de la rutina diaria, lo que ayuda a mantener un equilibrio sin generar ansiedad o prohibiciones estrictas.

Finalmente, el ejemplo en casa es clave, ya que cuando los adultos eligen alimentos más naturales y muestran una actitud positiva hacia ellos, los niños tienden a imitarlos, facilitando que estos hábitos se integren de forma más natural en su vida diaria.

Puedes empezar haciendo pequeños cambios sin que se sientan bruscos, por ejemplo, diluyendo jugos o mezclando opciones más naturales con las que ya le gustan, así el niño se va adaptando poco a poco sin rechazo.

Evita hacer de los ultra procesados algo “prohibido” o demasiado especial, porque eso suele hacerlos más atractivos; en cambio, trátalos con normalidad y sin darles protagonismo para que pierdan ese efecto llamativo.

Procura no asociarlos con momentos emocionales, como dar dulces cuando está triste o inquieto, ya que esto puede crear una relación emocional con ese tipo de alimentos y hacer que los busque en esas situaciones.

Organizar con anticipación lo que el niño va a comer durante el día también ayuda mucho, porque cuando ya hay opciones listas o pensadas, es menos probable recurrir a lo rápido o empaquetado.

Permitir que el niño tenga cierta elección dentro de opciones saludables también es clave, por ejemplo, preguntarle si prefiere una fruta u otra, lo que le da sensación de control sin necesidad de recurrir a productos menos nutritivos.

Y algo muy importante es ser flexible y realista, entendiendo que no pasa nada si en ocasiones consume este tipo de alimentos, lo importante es lo que se hace la mayor parte del tiempo y mantener un equilibrio sin culpa ni estrés.



Elaboró: Pasante de prácticas profesionales de la Lic. en Nutrición JACQUELINE RAMIREZ NARANJO

Revisó: LN Laura Carolina Soto Ham.



Fuentes:

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